Blog de Sanatana Dharma

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

La autorrealización como servicio

La palabra SERVICIO puede interpretarse de muy diferentes maneras de acuerdo con el contexto en el que la utilicemos. Si tenemos en cuenta el origen conocido de la palabra SERVIR, vemos que procede del latín "servare", que tiene dos acepciones que nos pueden interesar desde el punto de vista de la autorrealización, y que son en orden:

servicio 4 "observar(e)" y "preservar(e)". Es decir, preserva quien observa. Observar es, como ya sabemos, ver, sencillamente ver, sin identificarse con lo que se ve o es  visto. Observar es una función de la Conciencia, de nuestro Yo en su aspecto Conciencia. Preservar es proteger, cumplir con nuestros deberes. En el lenguaje del Yoga sería proteger el Dharma, o cumplir con nuestro Dharma, personal y espiritualmente hablando.

 Quien sirve es un SERVIDOR. Un servidor es pues aquél que observa y preserva. Y la acción útil de un servidor es el SERVICIO. Otra cosa diferente de servir es SERVIDUMBRE. Esta palabra implica dependencia, obligación, sumisión, esclavitud. Uno puede sentirse obligado, depender o ser esclavo de muchas cosas: sus jefes, sus amos, sus pasiones, sus fantasías, su cuerpo, etc.

 Quien tiene servidumbres no es un servidor sino un criado, un esclavo, es SERVIL. Ser-vil es ser un villano, es ser dependiente de lo inferior, es sentirse interiorizado, ser sumiso de los dictados de su yo inferior o personalidad y, en consecuencia, del entorno, de los demás o de lo que sea.

 Dicho de otra manera, un servidor es un ser libre de las ataduras de lo inferior. Ser servil es tener servidumbres, ser esclavo, aquél que se vende, aquél que se humilla, aquél que hace la pelota para conseguir algo.

 Todo depende de nuestro nivel de conciencia, del nivel de conciencia que tengamos de nosotros mismos. Y este nivel de conciencia depende del grado de interiorización que hayamos alcanzado.

 En la etapa humana en la que nos encontramos, esto se traduciría en que la conciencia debe ir adquiriendo la capacidad de abandonar la apariencia de la superficie (personalidad), con la que está confundida y, por tanto identificada, para descubrir su verdadera naturaleza profunda. Este es el trabajo meditativo.

 ¿Qué características debemos ir desarrollando en este trabajo? Podemos decir que son tres, y en este orden:

 1- Estar presentes.

 2- La presencia es activa.

 3- La presencia es influyente.

 1. ¿Qué quiere decir "ESTAR PRESENTE"? No se trata solamente de una presencia física sino que se trata de estar atento, estar despierto, darse cuenta, no estar ausente. Se trata de estar presente desde algún nivel de nuestra propia profundidad, desde algún nivel de nuestra conciencia.

 La conciencia puede hacerse presente incluso de una manera aparentemente paradójica o contradictoria, de una manera negativa: "haciendo sentir su ausencia". ¿Cómo aprendemos a estar presentes? Si lo que hay que desarrollar es la conciencia, que es lo que se da cuenta y nos permite estar presentes, ¿cómo lo haremos?; dándonos cuenta. No solamente durante el tiempo que dediquemos a meditar sino en cada momento. Esto es el Servicio Interno, el Servicio a Uno mismo, el Servicio al Ser: su búsqueda. El servicio externo, a los demás, es una consecuencia del primero. Aunque el servicio externo no debe desatenderse, el descuido del interno es fatal.

 La segunda característica que debemos desarrollar es una consecuencia de la primera:

 2. Esa presencia debe ser una PRESENCIA ACTIVA. No sólo debemos estar presentes, hay que hacer algo. Algunos relacionan el Yoga con algo puramente íntimo o intimista, como una especie de paréntesis en la vida, como una huida o refugio del mundo externo.

 Debemos dejar de lado esas ideas, trasnochadas e incluso perniciosas en estos tiempos, de que el Yoga no requiere hacer algo, no requiere compromisos o de que es algo ineficaz socialmente.

 A la meditación, nos enseña nuestro Maestro reiteradamente, se llega a través del cuerpo (relajado), de las emociones (en paz) y de la mente (concentrada), como una escalera para remontarse a la cumbre.

 Podría pensarse que una vez alcanzada la cima los escalones son inútiles. En realidad, esos escalones no son sólo medios para ascender sino donde se va manifestando lo alcanzado en el escalón que sea.

 Dicho de otro modo: a medida que subo, bajo; a medida que interiorizo,servicio exteriorizo. La meditación debe unir dos mundos aparentemente separados y sin relación. Por tanto, pensar en la dicotomía yoga o actividad, meditar o actuar como dos cosas diferentes que debemos compaginar es un falso dilema. Y esto es así porque lo de dentro tiene una característica: el Ser es estático, inmóvil y también es pura expansión; lo que se expande es su Shakti, su Energía.

 A medida que profundizamos con nuestra conciencia, la energía se exterioriza con toda su fuerza dinamizadora. Y así, casi sin darnos cuenta vamos cambiando de aire, de mentalidad, de palabras, de actitud.

 Y por esto, esa PRESENCIA, además de ser activa es

 3. UNA PRESENCIA INFLUYENTE.

 Una presencia influyente es un factor de cambio, de transformación, de evolución para los demás. Sin ejercer presión alguna, salvo la presión de la propia Presencia que, en alguna medida, y esto lo acaban sabiendo todos los que hacen este trabajo, es tranquilizadora, comprensiva, inspiradora y enriquecedora.

 El estudiante, el instructor, el discípulo, -con todos los altibajos que queráis-, el Maestro, que es el paradigma de estas conquistas se convierte así en un centro dinámico allí donde esté.

 Este dinamismo no es más que el soplo de vida de quien ha comenzado a vivir desde la profundidad.

Druva

 

¡Tú eres un místico!
¿Y tu qué Yoga?
 

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Invitado
Viernes, 14 Agosto 2020