Blog de Sanatana Dharma

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

El socorrista

SOCORRISTA

Una tarde que no sabía si quería llover o brillar el sol, postal veraniega de estas amadas tierras, me senté en la silla del socorrista…

Vi desde la atalaya… vi el horizonte, el sol a punto de retirarse.

Vi las olas yendo y viniendo, afanadas, decididas y guerreras.

Algunas más tiernas, otras más bravas.

Vi… observé.

Hasta no saber quien estaba viendo/observando…

Hasta descubrir al socorrista.

El socorrista que me salvó la vida.

El socorrista en su silla.

El Rey en su trono.

El socorrista observa las olas, estación tras estación, llueva o nieve, de noche y de día.

observa las olas que en mí aparecen, venidas de nadie sabe dónde.

Ve cómo llegan, cómo se instalan. Ve también como el bañista en piloto automático intenta luchar contra las olas sin saber que se irán, como si le fuera la vida en ellas.

Ve también cómo muchas veces el bañista se deja arrastrar por las olas. Cómo se debate para salir de ellas, ve su desesperación cuando la ola se hace muy larga y muy fuerte. Ve como grita en medio de la tormenta…

El Socorrista solo ve… hasta que el bañista confía en el socorrista antes de tirarse a las olas.

Llega una bonita tarde soleada cuando el bañista se da cuenta de que está el socorrista… que tal vez sería buena idea pedirle qué hacer con esas olas… cuando el bañista se da cuenta de que el Socorrista sabe de olas, sabe de surfear las olas, que es el Maestro del oleaje.

Entonces el bañista salva su vida, siempre. Siempre que confía en el Socorrista para aprender la manera de entrar en una ola, salva su vida.

El Socorrista está observando, en silencio, en paz, con amor, con inmensa sabiduría. Si sigo las decisiones del socorrista, jamás estaré equivocada.

Cuando empiece a hablar después de consultar al Socorrista que está en mí presente, siempre, atento, amoroso, silencioso, cuando confíe en que el Socorrista me ayudará a surfear una inmensidad de tristeza sin dejarme arrastrar por ella, cuando le deje retenerme para no volar por los aires en una tormenta de euforia, el Socorrista por fin habrá podido hacer su papel: salvarme la Vida.

Sigue las decisiones del Socorrista, nunca se equivoca.

Om Namo Narayana, que todos los Seres estemos libres del dolor, que todos los Seres escuchemos la voz del Socorrista, la voz del Ser que en el éter de nuestro corazón eternamente mora.

 

Muktakesi (y su Socorrista)

 

 

 

 

¿Qué es el yoga?
Nada es lo que parece
 

Comentarios

No hay comentarios por el momento. Se el primero en enviar un comentario.
¿Ya està registrado? Ingresa Aquí
Invitado
Lunes, 27 Septiembre 2021