Blog de Sanatana Dharma

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

Un plan de la leche

Erase una vez una muchacha vestida de duende que corría por los bosques. Jugaba y correteaba, aunque a veces se inquietaba y asustaba, como cualquier duende. De hecho, se sentía la leche de duende. Pero hubo una época de especial oscuridad en el bosque y sus amigos no salían a corretear, así que ella se quedó triste sobre una roca roja mirando las estrellas de la noche. Anhelaba alcanzar las estrellas...estaban tan lejos!! Suspiraba y soñaba con ellas, alumbrando el mundo entero!! Se sentía lejos.

arbol cuento


Por allí pasó un profesor con muchos libros en la mano. Escuchó sus suspiros y le enseñó muchísimos textos que hablaban de las estrellas. Ella se entusiasmó y los leyó todos..., y así aprendió que su grupo favorito de estrellas era la Vía Láctea. La Vía Láctea. Entonces el profesor le explicó que le gustaba tanto la Vía Láctea, porque ella también estaba hecha de leche. La muchacha le miró extrañada sin entender...Y el profesor se fue. Al quedarse sola, sintió que simplemente echaba de menos las estrellas, sentir su luz, dormirse entre ellas, igual ella era un cuenco de la Vía Láctea....Se seguía sintiendo lejos.
Otro día pasó otro profesor, que iba vestido de ángel. Y le dijo: ¡muchacha, quítate esas ropas de duende, serás mucho más feliz si eres un ángel. ¿Por qué llevas esos ropajes juguetones? Yo te enseñaré a cantar a esas estrellas de leche que tanto amas.
Ya estamos otra vez con lo de la leche! La muchacha, dudosa, se vistió de ángel. Cantó y cantó, y el corazón se le encendía 'Sois un pedazo de leche, no es una leche cualquiera...'...pero al poco tiempo de marchar el profesor, siguió sintiendo la misma lejanía. Así que de rabia, se quitó el disfraz de ángel y se quedó en bañador.

Otro día pasó un tercer profesor. Llevaba en la mano una lupa y un bisturí en el bolsillo. La miró de arriba a abajo y localizó unos piedras en el interior de su zapato. Te duele, son calcificaciones? Y la muchacha se dio cuenta de que sí...le dolía y le molestaba siempre al andar. Quítate esos zapatos!!! Era la última prenda de duende que le quedaba...casi se los quita...pero no!! No quería!! pero te hacen daño!!! Y qué! No sé! No quiero!!! Qué haría sin mis zapatos!!! Y así se despidió del tercer hombre.

Finalmente, un buen día se acercó a ella el Maestro. No llevaba nada consigo, simplemente parecía un hombre sencillo y contento. ¿Qué es lo que miras, muchacha?

-Pues...la Vía Láctea. Me encanta. Ojalá pudiera alcanzarla y tener siempre su luz. A veces, está tan oscuro.

cielo cuento
-Ya...la Vía Láctea...Con su luz blanca como la leche. Otro igual, pensó la muchacha! Aunque en su presencia, sentía algo diferente. El Maestro continuó: Y es que todo lo que hay dentro de la Vía Láctea, como su propio nombre indica, tú incluida, somos la leche! Por eso, brillamos. La leche es nuestra materia esencial, por eso los bebés surgen de la leche del hombre, y se alimentan de la leche de la mujer. En realidad, todos sabemos esto de una forma inconsciente, por eso cuando alguien hace algo mal, decimos: 'Es la leche', y 'Cuando alguien hace algo bien también decimos 'es la leche'. Vamos, que todos somos la leche.

-Han pasado muchos profesores por aquí, tratando de mostrarme el camino para alcanzar esas estrellas de Leche.

-Uy...pero que te digo que ...la Leche...eres tú. Cuando veas que eres sencillamente la Leche, ni más ni menos, podrás ver que los demás también son La Leche.

-Pero yo no lo siento así. No lo veo, por qué?

-Bueno, lo primero porque tienes unas calcificaciones bajo los pies que no hacen más que dolerte. Son quesitos. Tienes quesos en los quesos, se podría decir!
Y además, tienes cuajadas por todo el cuerpo, trozos de leche que se quedan ahí cuajados y no permiten que fluya la corriente de este universo.
Y en tercer lugar, tú no la ves, pero al calentarse tanto tu leche, en la zona de la cabeza, te sale nata, y la nata no te deja ver. Hay un velo de nata que rodea tu cabeza.

cuajada cuento

-Pues yo no lo veo!
-Porque no ves que eres la leche!

-Pero yo no quiero quitarme los zapatos!!
-Ah, da igual, no hace falta, no te los quites, quítatelos sólo cuando estés preparada. Cuando te empieces a sentir la leche.

-Y qué hago?

vasos de leche cuento
-Pues todos los días, tienes que mover tu cuerpo para que la leche corra, y tienes que limpiar los cuajos, básicamente con oxígeno y sabiduría. Y muy atenta, porque todos tenemos un requesón bien hermoso a la altura del perineo y del coxis. Por eso, nos quedamos bloqueados sobre rocas. Y bueno, cuando la leche esté corriendo tranquila dentro de ti, entonces, todos los días, puedes mirar y cantar a la estrella de la Vía Láctea. Pero canta a la más cercana, a la tuya propia!! En el fondo de la lechería.

Cuando te sientas la Leche, verás qué hermosa es La Vía Láctea de ahí fuera, porque ahora sólo la ves en la distancia. Podrás beberte las Estrellas, porque estáis hechos de la misma materia. Sois La Leche.

Y por cierto, qué son esas ropas a tu lado?
-Son mis antiguas ropas de duende, que siempre me gustaron, cuando era una muchacha corriente.
-Pero que estás en bañador, que te vas a enfriar...Un poco de sentido común...!!Tienes que ser una muchacha corriente. Y ponte tus ropas preferidas para correr, necesitas una forma, tienes una forma, ríe juguetona si es tu forma de vivir..., y simplemente añade a tu Vida la teoría de que eres la Leche y que tienes que darte cuenta. Y búscalo día a día. Si dejas de hacerlo cada día, se forma nueva nata, sobre la nata y sobre los cuajos.

hada cuento

Pero bueno, lo único que te sucedería, es que empezarías a mirar de nuevo las estrellas, y acabarías sentándote y envejeciendo sobre la roca.
Pasaron los días, y la muchacha duende ya tenía ahora un plan de la leche para alcanzar las estrellas. Y se ponía a ello. Empezó a caminar por la Vía Láctea. Y un buen día sintió ganas de quitarse los zapatos, y con el tiempo cayeron los quesitos. Y entonces corría por los bosques con sus ropajes de duende.

puente cuento
Mientras tanto, poco a poco, hubo que desmontar muchas cuajadas y mucha nata:
-Me da miedo no ver que soy la Leche. Me siento mal. Tal vez podría hacer más para ver la Leche. Y a veces alcanzo el aroma de la leche tibia, pero se me escapa. Y otras veces, pienso, pero qué estoy haciendo con mi Vida? Entonces tiemblo como un flan.

-Todo eso es cuajada..., y la cuajada surge porque no te das cuenta de que eres La Leche. Es normal, pero no te preocupes, porque la Leche que hay en ti está empujando para fluir. ¡La leche tiene un plan! ¡Es un plan de la leche! La leche impulsa, a veces desbaratando todos tus planes, incluso tus planes de equilibrio.

Y si te dispones, ayudarás a la Leche, puedes ayudarla muchísimo...!!!i
Así que repítete a ti misma, yo soy La Leche, yo soy la Leche del Universo. Y Yo soy el Camino a la Leche. Yo soy la Vía Láctea. Y si notas la nata, pues bravo! Por lo menos, ahora sabes que hay nata. Y además...¿quién está en el fondo y ve la nata? Tú, que eres la leche!! Y cada día, dedica un tiempo a limpiar tus cuajadas, a que la leche corra. Y cada día, vive con las formas que a ti más te permitan ser la leche. Otros se visten de profesores, o de hormigas, o de lobos...¡da igual!.

cuajada cuento

Y cada vez sentirás las estrellas más plenamente. Y esos cánticos que te enseñó el profesor, están muy bien, son mágicos, pero cántaselos a tu corazón de leche. Y esos libros que has leído sobre las estrellas, están muy bien, abren tu mente a la grandeza del Cielo. Y cuando te sientas La leche, tal vez con unos minutos mirando las estrellas, ya podrás bebértelas, en vez de soñar con ellas durante horas. Y tendrás tiempo para sentirte La Leche, tendrás tiempo para correr como un duende, tendrás tiempo para beberte las estrellas y para mostrárselas a otros. Y esto va a ocurrir en ti, poquito a poco, a fuego lento.

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La muchacha suspiró tranquila y profundamente agradecida, sintiéndose muy cerca del Maestro.
Y recuerda, dijo él: Tú no eres un duende de la leche, tú eres la leche del duende.

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