Blog de Sanatana Dharma

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

"La alegría de vivir, la alegría de morir"

manos   La verdad es que estoy emocionado, pero no es porque esté nervioso, me estaban entrando ganas de llorar y no sé por qué. ¿Qué os parece? ¿Será por la alegría de morir? Yo soy muy emocional, tengo una naturaleza muy emocional y de pronto surge esa emoción y no la retengo, de pronto la expreso. Cuando se me propuso dar una conferencia aquí en Cintruénigo pensé que era una buena razón para estar aquí con vosotros, en torno a este tema del morir, que en realidad es un tema muy del ser humano. Siempre decimos que el Yoga está siempre relacionado con el ser humano, el Yoga no es algo ajeno a nosotros, igual que la vida no es nada ajeno a nosotros. En algún momento de nuestra vida seguramente hayamos oído “somos un angelito caído del cielo”. Estas palabras tienen mucha profundidad porque si es verdad que somos un angelito caído del cielo, tenemos que descubrir ese angelito que está en cada uno de nosotros. Y ese angelito igual es algo muy cercano de nosotros, lo que sucede es que con las cosas tan interesantes que hay en la vida, parece ser que tenemos mucha necesidad de salir hacia afuera y al angelito le tenemos un poquito olvidado. Entonces el Yoga no es más que una invitación para descubrir al angelito que está en nosotros. Ese angelito que está en nosotros es una cosa muy sutil. Sutil significa que es algo que apenas se puede percibir, captar con los sentidos porque captar a ese angelito que está en nosotros, que alguna vez también le hemos llamado solete, cuesta percibirlo. Porque cuando nos dicen que somos un solete, no nos lo dicen porque seamos muy majos ¿o sí? La palabra solete puede ser sustantivo o adjetivo calificativo.


 

Cuando a una persona le llamas solete, igual le estás diciendo que es muy majo. Pero cuando te dicen que eres un solete, que tienes sustancia de sol, eres un sustantivo. En realidad eres un sol radiante, el sol también es una cosa muy sutil, el sol está constantemente llegando a nuestra vida y en cambio es algo muy sutil. Está siempre con nosotros y a veces no miramos al centro desde el cual surgen sus rayos, pero estamos siempre en compañía del sol. Este angelito nuestro también está siempre acompañándonos, siempre está constantemente en nuestra vida. Lo que pasa es que a veces no le prestamos atención, no le dirigimos nuestra mirada. El Yoga implica mirar a este angelito que está en nosotros. Este angelito cayó una vez en esta tierra y haremos una analogía con este angelito. Este angelito cuando consideró necesario bajar a esta tierra se disfrazó, porque en realidad esta vida es un carnaval, nos hemos llenado de carne, todos. Hemos bajado a este lugar y esto es lo que llamamos en el trabajo del Yoga la encarnación. Estamos todos encarnados aquí, ¿habrá aquí algún desencarnado? Posiblemente alguien nos acompañe y no tenga carne, ¿os imagináis esto, que pueda haber aquí seres que no tengan carne u os parece una película de miedo? Puede ser que haya seres que no los percibamos nosotros, pero que igual están aquí también acompañándonos. Invocamos a esos seres para que estén aquí presentes y hagan que esta conferencia sea útil para todos nosotros. Este angelito decidió bajar al carnaval de la vida vestido de gotita de café. En este cuento, esta gotita de café salió del cielo y de pronto cayó en la tierra, pero no cayó en cualquier sitio, cayó en un terrón de azúcar, y entonces, ¿qué sucedió? Que cuando estaba allá arriba como gotita de café estaba diciendo; Yo soy líquida, yo soy negra, yo soy amarga, yo soy gótica (en forma de gota). Después de pronto cae al terrón de azúcar y ¿sabéis que empieza a decir? Yo soy sólida, yo soy blanquecina, yo soy dulce y yo soy cúbica. ¿Qué le ha pasado a la gotita de café? ¿Se ha vuelto loca? Se ha identificado con el terrón de azúcar, se ha identificado con aquel lugar donde ha caído. Ahora llevamos esto a la analogía con el ser humano. De pronto, este angelito que cada uno de nosotros es, ha caído en este terrón de azúcar, en este cuerpo de carne y huesos y empieza a decir: yo soy flaco, yo soy guapo, yo soy alto, yo soy de raza blanca. Es este el único problema que tenemos, estamos identificados con el lugar donde hemos caído. Este lugar no es sólo físico, como el terrón de azúcar, sino que también es algo psicológico-emocional, entonces empieza a decir yo soy simpático, yo soy tímido, yo soy tacaño, yo soy desagradable etc. Cuando este angelito se identifica con la mente dice, yo soy ingeniero, yo soy inteligente, yo soy negativo, yo soy original. Le hemos trasladado el yo soy, a nuestro terrón de azúcar. El terrón de azúcar es un azucarillo (azúcar y yo), hay que distinguir el yo del azúcar. En esta analogía está bien claro, nosotros tenemos que descubrir quién es el yo porque ahí está la base de nuestra vida, esa va a ser la alegría de la vida, porque ¿en la vida hay alegría? Hasta que no tomemos contacto con el angelito, hay poca alegría en el vivir, simplemente esa alegría está basada en cómo nos van saliendo las cosas por fuera. Si tenemos suerte en la vida, si tienes dinero, trabajo, pones las expectativas en un montón de cosas y entonces parece que nuestra alegría viene a través del mundo externo. Fijaros bien, este lugar donde hemos caído está lleno de un montón de influencia, existe una serie de fuerzas acompañándonos desde que hemos nacido. Esas fuerzas se dice que son los instintos básicos, que son: · El instinto de preservación de la vida, que nos habla de alejarnos del peligro, de la muerte. · El instinto de conservación, que pretende ir rodeándonos de elementos materiales para que nuestra vida sea más feliz, más cómoda, más agradable. Entonces aparece otra fuerza que es la fuerza de la ambición, y ambicionamos cosas en el mundo externo. · Luego aparece el instinto de procreación, aparece la sexualidad, la cual nos hace movernos mucho, relacionarnos con otras personas, hace que la especie prospere, se prolongue, se reproduzca, perdure. Todas estas fuerzas lo que constituyen es lo que se llama el ego. El egoísmo es la identificación con todas estas fuerzas, con ese lugar donde hemos caído y a la vez, con todas esas fuerzas que están operando en nosotros. Y este egoísmo que también es una condición natural de esta persona, de este lugar donde hemos caído, nos hace volcarnos en el mundo externo y buscar en lo externo eso que llamamos felicidad. Cuento todas estas cosas, porque en realidad esta es la base de todo lo que vamos a tener que vivir después. Si nosotros no somos capaces de conectar con eso que está detrás, va a ser imposible vivir con plenitud. Porque de lo contrario, la búsqueda interior, la búsqueda espiritual, la búsqueda de los aspirantes al Yoga sería una inutilidad. Si el mundo externo nos diese ya plena satisfacción, nadie se pondría a vivir dentro de uno, nadie se haría preguntas fundamentales, nadie estaría indagando en su mundo interno. En esa medida en que aparece esa frustración, esa insatisfacción, uno empieza a mirar dentro de sí, empieza a encontrar algo interesante. Lo primero que encuentra es mucho desorden, mucha aceleración, mucha presión. Vivimos con mucha presión y este ego que es la identificación con nuestro personaje, con ese cúmulo de materiales, físicos, emocionales y mentales. Este ego, su tendencia natural es la separación, entonces cuando me separo de los demás, me aíslo, estoy en mi mundo. Yo ahora estoy viviendo este momento, pero estoy en mi mundo, ya sé que hay personas aquí igual que yo. Pero si yo lo vivo desde lo egoico, lo estoy viviendo con esta distancia del ego que me separa de vosotros. El ego es también muy miedoso, inseguro, temeroso. Ahora he salido aquí y mi ego está inseguro porque no sabía si iba a poder dirigir esta conferencia. Claro, a mí esto me crea inseguridad a nivel egoico. Supongo que a vosotros también os pasa, tenemos esa inseguridad por lo que va a pasar en mi vida, con mis hijos, con mi cuerpo cuando aparezca la enfermedad. Este ego además de ser inseguro, busca la seguridad en base al tener. Está basada su vida en tener, en acumular cosas. Cuanto más dinero tengo, más seguro me encuentro. ¿Qué preferís, tener un euro en vuestra cuenta corriente o mil euros, cómo os sentís más seguros? Bueno, los que tenéis quinientos mil euros ya empezáis a estar más inseguros porque igual viene alguien y os lo quita. Esto parece que empieza así, hay que tener seguridad y vas acumulando, acumulando. Pero cuando acumulas mucho y tienes más que la mayoría, empiezas a ver inseguridad. Es más, el ego no puede encontrar seguridad en el mundo externo y entonces, está en una batalla perdida, está luchando todo el día para ver si encuentra seguridad y no va a encontrar seguridad, el mundo externo jamás le va a garantizar seguridad. ¿Os habéis dado cuenta de esto? No hay nada seguro. Te relacionas con una persona y dices, este es el amor de mi vida, hasta que empezáis a pelear un poco y ya dices ¡Qué inseguro me encuentro! No sé si me va a dejar de un momento a otro o la dejo yo. El ego no encuentra seguridad fuera y esto es lo interesante de la vida. El ego es competitivo, comparativo, está todo el día luchando con los demás. Yo tengo que estar peleando con los conferenciantes que han venido anteriormente, tengo que ser el número uno, mi ego va a estar luchando toda esta conferencia para alcanzar el número uno, porque luego hay una encuesta para ver quién es el mejor y mi ego quiere ser el mejor, la charla más agradable, la más simpática, la más profunda. Así es, este ego vive en una inseguridad permanente. Y, ¿qué es lo que más inseguridad le da a este ego? La muerte, pero es una inseguridad que la ve lejos, sobre todo los que somos tan jóvenes. Pero la muerte aparece allí, cuando poco a poco empiezan a aparecer dificultades en lo físico, cuando este cuerpo físico empieza a tener algún desarreglo, alguna dolencia. Entonces empieza uno a cuidarse y aquí aparece el factor ese que se llama el sufrimiento. Nuestro Maestro, que es muy Maestro, dice que el sufrimiento es el factor corrector de la deriva de nuestra vida. Cuando uno está desordenado en la vida, está perdido el rumbo, aparece el sufrimiento, le da una torta, le hace sufrir un poco y hay que modificar algo. El camino del egoísmo, nos lleva al sufrimiento, antes o después. Toda la vida basada en el culto al ego, al final acaba en sufrimiento, y gracias a este sufrimiento podemos empezar a dirigir nuestra mirada hacia dentro. Entonces aquí empieza la vida, la vida empieza aquí cuando uno empieza a mirarse hacia dentro, y empezamos a descubrir el angelito ese que está ahí dentro. Y cuando ese angelito aparece ¿qué sucede? Qué eso que era el personaje, eso que estaba en el primer plano de nuestra vida, empieza a ceder espacio a ese otro aspecto que empieza a cobrar fuerza. Pero este angelito no aparece de la noche a la mañana, porque sea muy simpático o agradable. El angelito aparece cuando le invocamos todos los días. Al angelito hay que llamarle todos los días, el angelito aparece aquí en mi vida, venga aparecer. ¿Y cómo aparece el angelito? Cuando se va haciendo el silencio en aquello que es el ego, aquello que no es el angelito, aquello que es el terrón de azúcar. Cuando el terrón de azúcar, cuando esa fuerza egoica empieza a disolverse aparece ese ángel a gobernar y a dirigir nuestra vida. Y eso ya es un punto fundamental, aquí la vida empieza ya a cobrar interés. No quiero decir que esto pase de la noche a la mañana. Cuando el angelito aparece, de pronto no ha desaparecido el ego, el ego sigue con sus tendencias, con sus fuerzas, no va a ceder tan fácil su trono. Pero el angelito está ahí, poco a poco va apareciendo, sus orejitas, su cabecita y va introduciéndose en la vida. Y aquí cobra interés la vida, porque la vida empieza a ser interesante para mirarla en profundidad, porque si el angelito algo tiene son ojos, ojos para mirar, para ver. ¿Y qué es lo que ve? Empieza a ver algo que antes no veía. Donde el ego veía separación, separatividad, él empieza a ver unidad, cercanía a las personas, calor humano, a eso se llama Amor. El angelito empieza a irradiar Amor. No es que empiece ¡oh, cuánto os amo!, el amor es algo que puede ser muy silencioso, pero puede ser muy profundo. Y es ese angelito que empieza a irradiar unidad, se empieza a encontrar cerca de las personas, cerca de los otros angelitos que están ahí. Ese angelito, además de hacerse cercano e ir disolviendo poco a poco esa separatividad, empieza a hacerse más seguro, empieza a cobrar seguridad y los miedos empiezan a soltarse, empiezan a diluirse. Pero no es porque se diga que no hay que tener miedo, sino porque aparece otra fuerza que de verdad empieza a doblegar a la otra tendencia miedosa, y empieza a poner ese miedo en un segundo plano. Yo siempre digo que las cosas no hay que eliminarlas, ya irán diluyéndose poco a poco. Aquí hay un lema que nuestro Maestro dice con Maestría: “Añade a tu vida lo que le falta”, no quites nada, no quites el miedo. Si el miedo está en el ego, esa es su tendencia natural, su condición natural. El ego no va a dejar de ser miedoso, lo que tiene que aparecer es otra fuerza. Es como el apego, se dice, hay que ser desapegado, pero cómo me desapego, si el ego se apega a todos, es porque le da seguridad. Si yo tengo un coche, y me da seguridad, valor, yo me apego al coche, ese ego se apega. Ego, ap-ego, entonces hay que descubrir otra cosa, algo que no haga posible ese apego. ¿Y qué es esa otra cosa que tiene que surgir? Pues esa otra fuerza de la que estamos hablando, que es la fuerza del angelito. Ese apego se va diluyendo en la medida que aparece otra fuerza que es más poderosa y esa fuerza más poderosa empieza a ser una fuerza que no se vincula de esa manera enfermiza como lo hace el ego, porque el apego también es una fuerza enfermiza porque genera esclavitud. Pero el apego se tiene que disolver en base a otra fuerza mayor, a otro apego mayor, a otro apego superior, a ese apego superior le llamamos Apalma, ap-alma, la fuerza del alma, la fuerza del angelito. Esto le sucedió a un señor, cuando era niño tenía problemas respiratorios profundos por lo que le pusieron una mascarilla con dos botellas de oxígeno. Empezó a respirar con la botella de oxígeno y ya dependía del oxígeno. Se fue haciendo mayor y alguien le dijo: _ ¡Qué haces con esas botellas! ¿No puedes prescindir de ellas? _ No sé, yo toda la vida he estado con estas botellas de oxígeno y gracias a ellas respiro. _ Pero ¿has probado a respirar quitándote la mascarilla? Igual lo puedes hacer. Entonces comenzó así, desconfiadamente a quitarse la mascarilla, se la fue quitando poco a poco y se dio cuenta que podía, hasta que llegó un momento que soltó la mascarilla y la botella. ¿Qué le pasó? Que se había desapegado de su botella, pero ¿qué le había pasado? Que se había vinculado, apegado con el aire. Era un apego también necesario, el apego al aire, a este océano de aire. Era un apego superior que le había liberado en alguna medida, pues había prescindido de la botella, pero ahora necesitaba el océano del aire que está a nuestra disposición. ¿La liberación total? ¿Qué será?, pues la no necesidad de respirar. A través de este ejemplo os quiero decir que a veces nuestro ego necesita el apego hasta que se da cuenta que hay otra fuerza mayor con la que puede contar, con la que puede establecer comunicación. Entonces esta fuerza mayor le empieza a liberar, esta fuerza también lo que hace es no competir, porque se da cuenta que lo que hay en él es genuino, es auténtico, que no lo tiene nadie, que no tiene que competir con nadie. Que esa peculiaridad que tiene ese ser, ese angelito, es suya, no la tiene nadie más. El angelito comienza a vivir de verdad, a vivir con mayúsculas, porque vivir con minúsculas es vivir atado a las posesiones, a toda la negación de nuestro ego. ¿Cómo vivir ese momento que llamamos la muerte? De pronto aparece la muerte en nuestra vida, lo contrario a la vida no es la muerte, la vida en realidad decimos que no tiene contrario, la vida siempre es vida. La vida es una potencia que está en nosotros, que acontece en nosotros, que somos nosotros. Es lo mismo que hablar del artista y su instrumento. No tienen nada que ver pero parece que los dos se necesitan en un momento dado. El artista necesita el instrumento para tocar. Pues esa vida también parece que necesita el instrumento para manifestarse y expresarse y tocar también significa crecer, evolucionar, despertarse. Con esto, lo que quiero decir es que la vida es un acontecimiento que sucede en este cuerpo y el cuerpo no es más que el instrumento a través del cual la vida se expresa. Lo que ocurre es que nosotros, al identificarnos con este instrumento la hemos liado. Nos hemos hecho uno con el instrumento, entonces cuando desaparece el instrumento, parece que desaparecemos nosotros. Cuando en realidad igual no desaparecemos nosotros, bueno se desaparece en el sentido que no aparecemos, pero igual esa vida sigue viviendo. Entonces, ¿se puede demostrar que nosotros seguimos viviendo a pesar que este cascarón físico se haya desintegrado, haya pasado lo que se dice a mejor vida? Porque a veces tenemos expresiones curiosas ¿Por qué ha pasado a mejor vida? Porque esa vida que se expresa a través de este cuerpo, es una vida que también está muy condicionada. ¿Sabéis los condicionamientos que tenemos por estar encerrados en estos vehículos? Todos los días, las cosas que les tenemos que hacer a estos vehículos para que estén en medianas condiciones. Hay que darles de comer, de beber, hay que descansar, ir al baño, a cada rato respirando. Hay un montón de cosas, de esclavitudes, que tenemos que hacer con ese cuerpo. También se dice “y quedan los restos mortales”, entonces tiene que haber otra cosa porque lo que quedan son los restos mortales, o sea que nosotros tenemos que tener esencias inmortales. En realidad yo tengo poca experiencia con la muerte, por lo menos no me acuerdo. La única experiencia de muerte que he vivido es la de mi padre. Mi padre murió de repente, en dos días. Cuando acudí a la UCI, yo veía el cuerpo de mi padre, pero yo ya ahí no le veía a mi padre, vi un cadáver. No tiene nada que ver un cuerpo con un cadáver. Un cuerpo es un lugar donde hay un angelito y en el cadáver ya no está el angelito. El angelito se ha despedido, ha pasado a mejor vida. Bueno, esto es sencillo decirlo, pero los que quedamos aquí, ¿cómo nos quedamos?, ¿qué ha sucedido con nosotros? La muerte no deja de ser un elemento fundamental en nuestra vida. Un elemento que nos impacta profundamente, lo más impactante de nuestra existencia y es un impacto emocional y de pronto nos podemos derrumbar. Yo en aquel momento estaba totalmente derrumbado emocionalmente. Pero, no os lo perdáis, todo el trabajo que he ido haciendo de Yoga, todo ese trabajo que el Yoga me ha invitado a hacer, que es más que nada un trabajo de mirarme, de estar conmigo, de acercarme a eso que yo soy, de descubrir y de conocer los instrumentos que están a mi vera y en mi gobierno, me dio la oportunidad de estar presente, siendo capaz de suavizar ese impacto emocional. Con esto no quiero dármelas de fuerte ni de nada. Simplemente que en aquel momento fui capaz de hacerme consciente de cómo funcionan las emociones, de cómo esas emociones arrastran a los pensamientos, y estos pensamientos producían también una reacción en el cuerpo, la reacción en el cuerpo era instantánea. De pronto me acordaba de la infancia con mi padre, se desataban emociones y me ponía a llorar. De pronto me ubicaba en el presente, sentía el momento y estaba tranquilo. Podía incluso darme cuenta de emociones de culpa por estar tranquilo, me daba cuenta de todo. Estaba viendo todas las reacciones que se estaban produciendo en mí. Con esto quiero decir que cuando vamos despertando esa presencia en las condiciones normales de la vida, en las condiciones favorables, esto nos va a ayudar en los momentos delicados. El entrenamiento que hacemos hace posible que pongamos presencia en todos los elementos que están en nosotros y además a través de técnicas sencillas. El Yoga te dice, pon ojos en la respiración y estás ahí poniendo ojos en la respiración. Tu mente te puede decir ¡Qué va! ¡Qué me va a hacer eso! No te preocupes, que estás poniendo energía de presencia ahí y esa energía de presencia es transformadora. Tarde o temprano te va a transformar y lo que va a transformar es la capacidad, la facultad de estar presente y observar esa dispersión y esas fluctuaciones de la mente. Cuando en tu vida sucede algo fuerte, algo impactante emocionalmente, esa presencia va a seguir estando ahí, vas a poder hacer uso de ella, vas a estar más presente, te vas a dar cuenta. Incluso puedes hacer acto de presencia y dirigir el pensamiento en pensamientos de agradecimiento. Cuando surge agradecimiento, ya no existe tristeza, hay agradecimiento a la vida, a esa expresión de vida que estaba en forma de tu padre, o de tu hijo o de lo que fuese. Esa presencia es capaz de apreciarlo todo, entonces surge el agradecimiento a la vida, a los seres que han hecho posible que en tu vida se haya producido esa plenitud, esa presencia. Esa es mi experiencia en relación a la muerte. Luego hemos podido leer cosas, cosas que por lo general van siempre con un carácter positivo. Que tiene relación con que las personas o ese angelito que se despide, no va a un lugar triste, ni mucho menos, es un lugar donde encuentra paz, eso de “descanse en paz”. Encuentra seres, angelitos que le están ayudando, seres que están allá esperándole. Existen libros que cuentan experiencias en el umbral de la muerte, donde parece que se van pero no terminan de romper el lazo con los vehículos, luego volvían otra vez, tomaban conciencia otra vez y expresaban ciertas cosas que habían vivido. Incluso sentían insatisfacción por haber vuelto, porque seguramente sus cuerpos estaban tan deteriorados que su vida les obligaba a tener muchas limitaciones. Todas las experiencias que se han relatado señalan que cuando vamos a ese otro mundo, a esa nueva vida, es un lugar maravilloso. O sea que este es el infierno, el inferno, lo inferior y parece que vamos a un lugar superior porque no existen tantas limitaciones, no existen tantos condicionantes u obligaciones. Esto no es una cuestión para creérsela. Yo ni me lo creo ni no me lo creo, pero a mí me da un punto de que esto es razonable, porque lo que estoy viviendo en la propia vida es que vas aumentando en esa plenitud que va apareciendo en tu vida. Esa plenitud te da paz, hace que los momentos sean mucho más agradables, más plenos, entonces, lo que está más allá de la manifestación, tiene que ser mucho más liberador. Porque aquí venimos a aprender, venimos a desarrollarnos, venimos a crecer, entonces cuando vas entonando, conectando con eso que en ti es un centro de poder, un centro de fuerza, la vida se va volviendo mucho más tranquila, más gozosa. A veces cuando hablemos del centro, de la esencia, parece que son cosas muy alejadas de nosotros. Pero en realidad, todos nosotros cuando estamos pasando un mal momento, podemos expresar aquello de “me encuentro descentrado”. ¿Qué quiere decir la palabra descentrado? Que hemos perdido el centro, entonces uno se siente desasosegado, a disgusto, mal, en crisis, con depresión, hemos perdido el centro. Cuando estábamos en el centro, quizás no teníamos esa referencia, porque igual no éramos capaces de apreciarlo, de apreciarlo en sentido consciente. Porque a veces uno sale a la calle y no está diciendo: ¡oh, que sol más maravilloso! Aunque hay gente que sí, que pone presencia en ese día maravilloso y entonces lo aprecia, pero hay gente que da por hecho que el día tiene que ser así, maravilloso. En la medida que ponemos presencia en las cosas éstas se hacen transformadoras. En la medida que vamos buscando, alcanzando y conectando con ese centro, ese centro es un manantial de poder, de fuerza, de alegría. Y esta alegría, nuestro Maestro dice que es la sonrisa del alma, y en la muerte el alma sonríe porque ha cumplido su función. Su función era despertar, desarrollarse, desplegar sus potencias, vivir en definitiva. Entonces el título de “la alegría de vivir y la alegría de morir” no es más que la sonrisa del alma o del angelito, que en la medida que va saliendo, aflorando en nosotros, lo que hace es llenar de sonrisa, de alegría nuestra vida. Por eso se ha puesto este título, que quizás ha sido provocativo, que igual ha podido parecer que sea irrespetuoso. No se ha tratado de que así sea. Y si así ha sido, yo os pido perdón porque seguramente hay personas que igual han tenido pérdidas cercanas y lo han pasado mal o lo han vivido mal. Pero a mí me parece y casi garantizo que los seres queridos están ahí, están en un lugar maravilloso y en un estado bondadoso, están bien. Hay experiencias en los libros, dice que hubo un señor en América que estaba esperando a su familia formada por ocho miembros, venían en una furgoneta y en un accidente murieron todos. De pronto el hombre cuando recibió la noticia fue un shock total. Este hombre en este shock se alcoholizó, acudió a las drogas, se volvió un indigente, para él no tenía sentido la vida. Pero de pronto a los dos años y pico que se pasó en esta situación deplorable, parece ser que tiene una experiencia de delirium tremens y en esa experiencia es atropellado por un camión y aparece en estado etérico, en el plano astral y tiene la visión de toda su familia que está en un estado luminoso, de alegría. No fue sólo una visión, parece ser que lo vivió de forma muy real y cuando salió del delirium tremens, de esa experiencia astral, de esa experiencia de conexión con ese otro plano sutil, entonces apareció en el mundo y le dio la vuelta a su vida. Empezó a participar en cursos del tipo de “morir serenamente”, de ayudar a familiares que estaban pasando un mal momento, empezó a ayudar a estas personas y su vida empezó a cobrar otra vez sentido. Estas son experiencias que aparecen en los textos y yo no tengo por qué no creérmelas, simplemente las leo gustoso, además me parece que son experiencias transformadoras. De pronto esas personas encuentran un sentido profundo a sus vidas e incluso les hace retornar también a su centro. Me gustaría que me hicieseis alguna pregunta porque me gusta que la gente ponga aquí su voz. Intervención: Has dicho que hemos venido aquí a aprender y a crecer. Cuando se muere una persona joven, esa persona ¿no se desarrolla del todo? Kalki: Lo que no sabemos es cuanto vamos a crecer cada uno, el alma, el angelito. Ese angelito es como una semilla que ya trae toda la información de cómo va a ser esa planta, de lo que va a ser ese Ser. En esa semilla ya se va produciendo el crecimiento. Unos podrán ser una hierba pequeñita, otros una gran higuera. Cada uno ya trae su semillita, su información, su currículum vitae interno. ¿Por qué algunas personas muestran tendencia hacia el arte de la música, otras hacia la escritura, otras hacia el Yoga? ¿Por qué muestran esas tendencias? ¿De dónde traen esas tendencias? Nosotros consideramos que esa semillita (el alma, el Yo Superior) trae una información que tiene poco a poco que desarrollar y entonces esa información poco a poco va dando frutos y esa información no depende ya del tiempo. Nuestra mente está configurada en ese espacio-tiempo, por eso nos preguntamos qué fruto ha dado una vida de veinte, quince o dos años, qué ha tenido que aprender ahí. Pero todo esto está ordenado, en ese orden que nuestra mente a veces no es capaz de acertar a comprender. En ese orden también están incluidas todas las personas cercanas que están relacionadas emocionalmente, afectivamente, con ese ser que ha muerto tempranamente. Ese ser, tú no te tienes que preocuparte si se ha desarrollado o no, su alma ha propuesto todo lo que estaba en su mano, esa alma tendrá sus razones para perder sus vehículos físicos, ese cascarón y hacer ese tránsito. Desde nuestra mente eso no podemos entenderlo, quizás no nos parece muy razonable desde nuestro paradigma normal de qué tenía que aprender ese niño. Pero igual en algún momento puede entenderse como una liberación, porque igual ese ser tiene que hacer otro trabajo y el trabajo que venía a desarrollar aquí ya lo ha hecho. Quizás tenía que enseñar a sus padres a empezar a relacionarse de otros modos, a empezar a mirar hacia dentro. A mí mucha gente me ha expresado en las clases de Yoga, que gracias a su enfermedad están en el Yoga, y el Yoga para ellos es muy importante. Entonces dicen gracias a una enfermedad que me ha puesto al borde de la muerte resulta que estoy en el Yoga, estoy trabajando en la vida interior y está haciendo posible que descubra cosas muy interesantes. Por ello a veces esos razonamientos intelectuales que se hacen desde nuestra mente, no es lo que tiene que ser. Intervención: Lo preguntaba porque a veces oyes ¡A dónde hubiese llegado de no haber muerto tan joven! Kalki: También te dicen personas mayores: ¡Jo, si yo hubiese descubierto esto antes!, cualquier cosa. Nosotros que nos movemos en el ámbito del Yoga, pues hay gente que expresa esto: ¡Jo, si yo hubiese descubierto esto antes! Ya, pero es que antes, igual estabas en otra onda, y es que todavía no habías despertado, e igual en ese momento no hubieses apreciado lo que ahora estás apreciando. A veces la vida con sus vientos, con sus lluvias, con sus tormentas, nos ha hecho madurar, ser lo que somos. Igual también eso ha sido necesario en ese proceso de la vida, igual comprendes más adelante. Claro que a veces aparece esa rebeldía, y con unas creencias determinadas, de pronto hay un suceso fuerte en la vida y renuncian a todas esas creencias porque igual esas creencias no estaban basadas en una experiencia. Cuando la creencia no está basada en una experiencia, esa creencia es muy floja porque solamente está en el aparato digestivo de la mente, no se ha hecho cuerpo, no se ha incorporado, no se ha hecho sangre. En esa medida es nuestro trabajo incorporar todo eso y la incorporación de todo eso viene en base a la experiencia, en base a mirarse todos los días, en base a estar con nosotros todos los días, a quedar a solas con nosotros. A veces estamos olvidados de nosotros y cuando aparece una experiencia cumbre de estas, parece que de pronto todo se nos tambalea. Toda la escala de valores se remueve, todo lo que antes parecía super-importante, parece insignificante. Yo me acuerdo que cuando murió mi padre, empecé como a apreciar a las personas, me paraba con las personas, estaba con ellas. Es como que de pronto ponía más atención, más energía de presencia en lo que vivía con cada persona. Eso me enseñó la muerte de mi padre, que murió joven, de una manera rápida, súbita, entonces fue un poco fuerte. Pero no importa, yo lo viví con gratitud, dije esto es lo que tenía que ser y ya está. Esto implica confiar en la vida, hay que confiar en la vida, en el lado mágico de la vida. La vida tiene un lado mágico que nuestra mente no acierta a comprender. Y este lado mágico a veces escribe con renglones torcidos que se dice. A veces es duro ver esa situación, pero también es cierto que esos renglones torcidos te van llevando a la rendición, a la entrega, a la vida. Mirad, en las clases de Yoga, acabamos siempre en la relajación. La relajación es un morirse, te tienes que morir, pero en ese morirse qué hay, es como la integración de todo el trabajo que hemos hecho en la sesión de Yoga. La charla que has oído, la respiración que has hecho, la presencia que has puesto, las posturas que has hecho, todo ese trabajo corporal que has hecho, ahí eso se incorpora y ahí te mueres, te abandonas y si no te mueres, no te relajas. Si todavía existe aferramiento, estás ahí agarrado al cuerpo, no hay relajación, no estás confiando en la vida, ¡suéltate! Dice, a veces “nos aferramos tanto a la vida como si nos fuese la Vida en ello” (la primera vida es con minúsculas y la segunda con mayúsculas). Y ya hemos dicho que la Vida no muere. Lo contrario de la muerte es nacer. En el Bhagavad Gita se dice algo así “Aquello que ha nacido en nosotros, su muerte es segura, lo que no ha nacido en nosotros, no morirá”. Para el que ha nacido, la muerte es segura, para el que ha muerto, su nacimiento es una certeza, entonces ¿por qué sufres? (esto se dice al aspirante aventajado que ya está conectado a su esencia). La vida no tiene contrario, la vida es vida, es plenitud, hay que conectarse a la vida. Dice que el nacimiento incluso es más traumático que la muerte, que el alma tiene muchas más dificultades en entrar en los vehículos que en soltarlos. Pero claro, aquí cuando nace un niño es fruto de alegría. Intervención de una mujer que es matrona: Yo veo un paralelismo entre el parto y la muerte. En la muerte tiene que haber una unión y hay que soltarle para que todo se desencadene, existe un paso, como cuando pasa un niño por la pelvis, por el canal del parto. Entonces también pasamos por un determinado canal hasta que la energía va desapareciendo. Luego tenemos un cordón umbilical que es como energía y que también hay una parte que se destruye y dura más allá de la muerte aparente, el cordón de plata. Además el acompañamiento a la muerte, cuando has trabajado en el proceso del parto, se puede afrontar mejor. Existen unos libros muy interesantes sobre estos temas que ha escrito Elisabeth Kübbler Ross y no sé si los habrás leído. Kalki: La verdad es que no he leído nada de esto, yo normalmente soy una persona muy instruida, tengo un buen instructor, me instruye. Luego he oído hablar de todos estos libros y deben ser muy interesantes, pero yo no los he leído. Hay naturalezas humanas a las que le gusta descubrir como el entresijo de todas estas cuestiones. Es como si de pronto tú no te conformas con dar el botón de la tele y ver la imagen, sino que quieres ver las tripas de la televisión, y te interesa cómo la energía llega al aparato, cómo se transforma, cómo se produce la conexión para que ahí aparezca la imagen. Esa sería como la visión ocultista del investigador de todos estos temas, que a mí me parece interesante pero no es mi naturaleza así. Mi naturaleza es la investigación de poner la tele y ver la imagen, viendo eso y lo que veo dentro de mí voy sacando mis conclusiones. Luego tengo amistades que son muy doctas y las escucho con mucha atención y me van contando cosas de este tipo. Me gusta que estos temas tengan también una confrontación científico o experimental. Quiero decir con esto que yo no os he venido a engañar sobre algo, no. Simplemente he venido a daros la visión que yo he tenido entorno al Yoga, porque a mí el Yoga me da la base para comprender la muerte, la religión, las cuestiones de tipo psicológico. Me da la base de todo eso porque hay una parte en el Yoga que es el Swadyaya, la lectura espiritual. Que no sólo se refiere a leer libros espirituales, se refiere a leer desde el espíritu, desde lo profundo, desde lo que tú eres, entonces vamos leyendo en la vida cosas muy interesantes. Los libros están ahí, pero los libros los escribe alguien que está conectado y el libro expresa esa conexión, entonces a nuestro intelecto le satisface y a nuestra alma también le nutre, si son escritas desde el alma. Si nosotros conectamos con el alma, también conectamos con el alma de todos aquellos que escriben cosas de estas muy interesantes. Cada uno tiene que respetar su naturaleza, mi naturaleza es que soy poco lector. A mí me gustaban los tebeos que tenían pocas letras, me gustaban los dibujos, para qué os voy a decir lo contrario. Os voy a contar que para dar esta charla, me veían tan poco capaz por lo que se ve, que me regalaron dos libros sobre la muerte, los ojeé, pero no sé si he hablado de ellos para nada, creo que no tenía que hablar de ellos, tenía que hablar de lo que he hablado. Intervención: Fundamentalmente has hablado de la vida, de lo que estamos viviendo, de lo que sentimos. Pero todo lo que has contado ¿tendría sentido aunque se pensara que no existe vida después? Kalki: Claro, porque tú lo que vas a hacer es contactar con la vida que tú eres y al contactar con ello te vas a dar cuenta de lo que son los vehículos que no eres. Es que hemos empezado hablando del ego, de sus identificaciones precisamente para eso. Porque en el proceso de unión que propone el Yoga, el reunirte con lo que tú eres, supone que de pronto te desidentificas de lo que no eres. Entonces, ¿qué sucede? Lo que en ti es vida, eso al final es lo que tú estás viviendo de ti, entonces los vehículos son instrumentos, y los consideras como tal. Pero no desde un proceso intelectual, sino desde un proceso de separación que se va produciendo. Cuando uno ya alcanza esa Maestría, ya habla de sus vehículos como habla del brazo, como que no son suyos porque en realidad son sus instrumentos, no son suyos. Pero claro, para eso necesitamos lo que se llama en el Yoga la anubhava, la experiencia. Si no tenemos experiencia de lo que es la vida, de lo que es ese centro de poder, pues difícilmente podemos desconectar y soltar ese protagonismo que tienen nuestros vehículos. ¿Qué sucede desde esta óptica? Pues que la muerte se mira de otro modo y ese proceso es otra historia completamente diferente, no te hace creer nada, porque tú estás ya plenamente instalado, imbuido en la vida que tú eres. Intervención: ¿Llegas a entender, a comprender el sentido del ciclo? Kalki: Se comprenderá todo porque te vas conectando con eso que es la mente universal, te vas conectando con eso que es la sabiduría, con eso que no cambia. Intervención: Y, ¿no lo analizas? Kalki: Lo podemos analizar, ahora lo estamos analizando, pero cuando se alcanza esos niveles de Maestría, el instrumento mental igual es un instrumento muy limitado. El instrumento mental lo único que sirve es para que otra mente escuche este mensaje. Pero el artista igual está conectando su arte sin ese instrumento porque está llegando desde otro nivel. Dice: “Un Maestro enseña poco, deja que aprendas a su lado”. O sea que igual habla poco, igual no emite palabras. Su verdadero arte es que transforma a través de la vibración. Entonces la vibración es lo que está modificando el alma de esa persona, y está estimulando a que crezca, a que aspire a la Verdad. Pero el instrumento mental va a estar siempre aquí, necesitamos el instrumento mental para entendernos, igual que necesitamos también el instrumento físico. Fíjate si vengo aquí descarnado y estoy aquí y no os enteráis que he estado. Para estar manifestados, para expresarnos en este mundo, necesitamos los instrumentos y esta necesidad hace que tengamos que dirigir también los instrumentos. Por eso curiosamente el trabajo comienza conociendo los instrumentos y desarrollándolos a tope. Suelo decir que el trabajo no es de evolución sino de egolución. Primero tiene que desarrollarse mucho el ego y el ego necesita desarrollarse para que pueda ser buen instrumento de expresión aquí. Nosotros somos como un lápiz, primero te tienes que dar cuenta que es interesante que tú afiles el lápiz, porque un lápiz chato mal asunto. Entonces primero vamos a afilar el lápiz, vamos a sacar punta. El sacapuntas sería por ejemplo una Escuela de Yoga. Vas allí y luego dices ¡Jo, que mina más chula tengo! Hay que sacar la mina interior, le dijo un lápiz viejo al joven, tú vete al sacapuntas y saca tu mina interior a pasear. Entonces el alumno, el discípulo, estaba ya con su lápiz afilado muy orgulloso y decía a todos: Mira que mina tengo. Entonces el lápiz viejo que ya estaba muy pequeñito de tanto pintar, le dice al lápiz joven: ¡eh, que te he enseñado a afilar para que pintes algo!, no para que estés luciéndote con la mina. Ese es el ego, pero hay que tener bien afilado al ego y después ¿Cuándo viene la Iluminación? Viene cuando te das cuenta que tú en realidad no eres el lápiz, cuando te das cuenta que estás siendo movido por una mano, tú eres la mano que mueve el lápiz. Y después igual te das cuenta que eres la voluntad que mueve la mano que mueve el lápiz. Os imagináis eso. Eso que creemos ser no somos, por mucha mina que tengamos, por muy lúcidos que seamos. No, eso no eres tú, tú eres la mano que está moviendo ese instrumento. Cuando sientes eso, entonces empiezas a darte cuenta de la magia de la vida, ahí está la magia de la vida. Mientras tanto a afilar el lápiz, pero no de cualquier manera, hay que afilar si eres diestro de izquierda a derecha, porque igual afilas al revés y no sale la mina, por eso hay que conocer las leyes del afilado. Por eso es interesante conocer las leyes y en una Escuela de Yoga se te dan las leyes, se te dan los conocimientos, se te dan las técnicas, ya depende de ti. ¿Quieres sacar esa mina? Tenéis que ir al sacapuntas, conocer las leyes, trabajar un día tras otro y no quedarte solamente con afilarte, después hay que pintar algo. Al principio empezarás a pintar garabatos, pero igual después haces caligrafía. ¡Qué gozada! Y cuando se extinga el lápiz, ¿la mano se habrá muerto?, ¿qué pasa? La mano, la voluntad igual sigue viva. Intervención: A una sociedad no creyente ¿le explicarías lo del alma y eso de pasar a mejor vida cuando se muere? Kalki: A una sociedad no creyente se le puede dar muchas explicaciones y además busca muchas explicaciones. Y desde el instrumento mental, probablemente no lo entienda, entonces lo que hay que decirle es que investigue, que trabaje, que no se crea nada. Que investigue. En esa investigación va a ver descubrimientos. La palabra descubrimiento significa quitar los cubrimientos, quitar los velos. Entonces cuando se da el descubrimiento aparece ahí algo. Yo os digo, yo no creo en estas cosas. A mí cuando alguien viene a clase y me pregunta si creo en la reencarnación, en los chakras, en no sé qué. Yo no creo en nada. Aquí no estamos abogando por creer, estamos simplemente abogando por experimentar y por el conocimiento de uno mismo desde cosas muy básicas. Yo siempre digo que el cuerpo parece una cosa muy grosera, muy externa, pero a través del cuerpo te puedes introducir en toda la profundidad de tu Ser, a través del cuerpo, a través de una simple respiración. La otra vez decía que la respiración es como una llave. Una llave es una cosa sencilla poco valiosa económicamente. Entonces podemos decir, ¡qué cosa más tonta!, un cacho de hierro con dientes. Pero esa llave puede abrir un palacio, entonces cómo vas a desestimar una llave. La respiración es una llave, es una llave poderosísima, estate con ella. Al principio te dará s cuenta cómo está tu mente, se va, vuelve, ¡uf, esto es un aburrimiento, la respiración abdominal otra vez! Sigue poniendo presencia, sigue poniendo presencia, como un día tengas una experiencia de quedarte a solas con la respiración, dirás esto es una bomba, hay que darlo a conocer, hay que seguir trabajando con esto, y es así. ¿Qué sucede en esta sociedad? Que tenemos mucha prisa, mucha aceleración, queremos grandes evoluciones, queremos todos ser sabios, queremos todos dejar con la boca abierta a todo el mundo, queremos alcanzar la Maestría. Después te pones ahí y respiras y ¿Sabéis lo que vamos a hacer? Vamos a hacer un minuto de respiración y en ese minuto de respiración vamos a irradiar amor a todos nuestros seres que se han ido al otro lado. Vamos a enviar ese amor y esa alegría a todos esos seres si os parece bien. Colocamos la espalda derecha, sentimos el cuerpo, nos damos un paseo por él, lo visitamos, dejamos ya de estar en la mente, estamos en el cuerpo. Siente tus piernas, siente tus brazos, quita fuerza, siente tu espalda, relaja los músculos de la cara. Conéctate ahora con la respiración, suelta suavemente el aire, que no se te oiga, toma el aire sin que se te oiga, despacio, no fuerces. No tenemos prisa, estamos llenándonos de vida. Respira suavemente, carga esa respiración con esa fuerza que añades desde tu presencia. Agradece a la vida todo lo que eres. Recordamos por un instante nuestros seres queridos que han pasado a mejor vida y vamos a irradiar amor a ellos. Que nuestros seres queridos asciendan a más altos planos de gloria. Vamos a irradiar el Amor, recitando la sílaba OM, ese mantra poderoso que nos conecta aún más con esa vida que somos. Toma aire OM. Suavemente vas abriendo los ojos, despacio, sin prisas. Muy bien, si queréis hacer alguna pregunta más. Intervención: Cuando la muerte es natural, se va uno porque se tiene que ir y ¿cuándo uno se suicida? Kalki: Pues no sé si hay respuesta para esta pregunta en este momento. Quiero decir que esa alma que está ahí ha tomado esa decisión por lo que sea. Puede ser que ha necesitado esa situación. Yo no tengo respuesta para eso, tampoco quiero creer que es un error de la naturaleza. Quiero creer que su personalidad estaba en una situación tan desesperada que ha tomado esa decisión. Además se toma a veces por una bravata esa alma se ve apoderada por esa personalidad y entonces toma esa decisión. Porque yo siempre digo que nadie se suicida de una forma sencilla, siempre se eligen formas extrañas. Es como que de pronto tiene que ser un momento de desesperación, porque fíjate que es sencillo suicidarse cerrando los dos orificios de la nariz y la boca, ¿por qué nadie hace eso? Intervención: En ese caso, si te arrepientes cuando estás haciéndolo, podrías dejar de hacerlo Kalki: Por eso digo que tiene que ser un impacto, como rápido, que no me entere. Intervención: ¿No puede ser un intento de llamar la atención al entorno, hacia los demás? Kalki: También puede ser. He dicho antes que los del entorno también tienen que ver con el que está ahí. Los del entorno no son casuales, son construidos por esas almas que se han reunido en torno a esa situación. Pero la razón en cada caso será diferente, creo yo. Es curioso como el instinto de preservación no nos deja hacer eso. Tiene que ser una cosa rápida, o tirarse a una vía del tren o pegarse un tiro. Entonces a mí esto me da que pensar, pero no he leído nada entorno a esto. Es verdad que nuestra mente busca explicación para todo y es también lícito que lo haga, pero sobre todo tenemos que buscar experiencia. A veces creo que caemos en el error de la explicación, y parece que cuando ya tenemos la explicación, ya estamos satisfechos y no trabajamos. Entonces es mejor no tener una explicación y trabajar. Yo veo la vida de los místicos, que no tenían las explicaciones que hoy en día tenemos. Estos místicos, ya fuesen budistas, hinduistas o cristianos, tenían una fuerza devocional que se entregaban, sentían una fuerza interior que les llevaba a eso. Sin embargo, a nosotros nos hacen falta muchas explicaciones, tenemos muchas explicaciones. El lapicero con la mina dentro, la mano que le va a mover al lapicero y mañana ¿qué hago? ¿me siento a respirar? Me han dicho que es tan bueno, que es una llave. Pues eso me parece más interesante, que mañana después de esta charla os sentéis a respirar, a estar con vosotros, a apaciguar esta bestia, a poner orden en ella. Entonces me parece que es fantástico lo que se ha conseguido en esta charla. Os agradezco de corazón que hayáis venido. Yo estoy encantado siempre en estas charlas, porque ponéis todo el corazón y además nadie me lleva la contraria de nada, tampoco hemos entrado en debates estériles. A alguien le habrá gustado y a otros disgustado. Yo lo siento, os pido perdón de verdad si os he faltado en algo, pero esto es lo que hay. Om Shanti, ¡que seáis felices!

"El ego y sus tendencias"
"El amor y el ego"