Blog de Sanatana Dharma

Entendemos la comunicación, como el encuentro en lo común

El Monasterio y el Río.

El monasterio era un lugar que olía a cerámicas y a verde. Tenía largas varandas, tenía arcos en las claustroventanas, tenía suaves cuestas alrededor de sus huertas y jardines. En él había sol y había pequeñas habitaciones blancas donde los hombres y mujeres meditaban. Cada cual en su pequeña habitación, cada cual en sus propios círculos a través de jardines y huertas, descansando, laborando, contemplando. Cada cual en un cálido rincón de la biblioteca, escuchando y leyendo, empapándose de los afanes de búsqueda de tantos otros hombres y mujeres. Cantaban todos juntos, comían en silencio y en cuencos de barro. Vivían y sentían la presencia de Dios a ráfagas. Tranquilamente iban caminando. La vida transcurría plácidamente, las semanas se sucedían rítmicamente.

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ENANOS QUE SON GNOMOS

 Erase una vez un claro del bosque rodeado de farolillos y luciérnagas de vuelo corto. Junto a ese claro, un poblado de gnomos trajinaban despacio y contentos en sus tareas de verano. Había flores, había casas con tejado de paja, había animales pequeños y niños que corrían cantando. En el centro del claro un grupo de alumnos escuchaban a su nuevo Maestro.

-Muy bien, enanos, bienvenidos a la escuela de gnomos del Bosque Sagrado. Aquí cualquier enano, y digo cualquiera, ¡se convertirá en gnomo, en plácido gnomo! Ya veréis cómo.
Hablaba un gnomo viejo de barba enrollada en tres vueltas y media alrededor de la coronilla. Vestía un hermoso gorro rojo del color de las uvas brillantes.


Los enanos eran de muy diversos tipos. Gorditos, delgadurrios, fortachones, espigados y eléctricos, apesadumbrados, asustados, histriónicos, gamberretes, adormilados, apanados, tranquilotes y nerviosones. Miraban con ojos redondos a su nuevo Maestro de gorro encarnado y plácida apariencia.

CUENTO 5


El Maestro prosiguió:

-Ser un gnomo es la cosa más fácil del mundo, y no serlo es también la cosa más sencilla del universo. Por aquí encontraréis fácilmente una casa tipo seta para cada uno de vosotros, es pequeña pero suficiente, y os cobijará de la lluvia y el sol fuerte. El Bosque os proveerá de todo lo demás que necesitéis. Os daré unas simples instrucciones para empezar a laborar. Os ponéis este gorrito encarnado que  apunta siempre hacia arriba, y que tiene dibujada una uva en su contorno, la veis? y comenzáis vuestras tareas vitales, que llamamos. Recoger raíces, plantar tomates más pequeños aún que vosotros, cuidar de los ciervos extraviados, abrillantar a las luciérnagas, preparar calderos de sopa, arrullar a los niños llorones...y no sigo, y no sigo, porque no quiero!

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Un plan de la leche

Erase una vez una muchacha vestida de duende que corría por los bosques. Jugaba y correteaba, aunque a veces se inquietaba y asustaba, como cualquier duende. De hecho, se sentía la leche de duende. Pero hubo una época de especial oscuridad en el bosque y sus amigos no salían a corretear, así que ella se quedó triste sobre una roca roja mirando las estrellas de la noche. Anhelaba alcanzar las estrellas...estaban tan lejos!! Suspiraba y soñaba con ellas, alumbrando el mundo entero!! Se sentía lejos.

arbol cuento

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